¿Para quién escriben los científicos?

Publicar un artículo científico es uno de los principales logros de un investigador. Es la culminación de muchos años de trabajo y es cuando su investigación empieza a ser relevante para la comunidad científica. Empieza el proceso de ser alabado o criticado, de alcanzar el Olimpo o el Inframundo, o de simplemente pasar desapercibido…  Aunque existe una metodología muy definida para escribir un trabajo científico, hay un factor que rara vez se tiene en cuenta cuando nos encontramos en el momento de plasmar en palabras y gráficas, nuestras teorías científicas: el lector.

Método Takakura para compostar en casa… o en el trabajo

Como dijimos en una entrada anterior, los residuos domésticos (también llamados biorresiduos) son una fuente de materia orgánica muy interesante para hacer compost. Por desgracia, no se aprovechan adecuadamente ya que durante su gestión se mezclan con otros materiales obteniendo al final compost de calidad media-baja. Este problema en parte se podría se solucionar al separarlos en origen usando el quinto contenedor, al cual estamos obligados por ley en España (FEMP, 2010). Otra cosa que mencionamos es que el compostaje descentralizado o a pequeña escala es eficaz para reducir de forma significativa el volumen de estos residuos, con el consiguiente ahorro económico y ambiental. Para hacer compost en casa (compostaje doméstico) discutimos las características de los compostadores eléctricos, unos pequeños electrodomésticos que permiten transformarlos en un corto tiempo y en un espacio reducido. Hoy hablaremos de su versión analógica, basada en el compostaje en cajones mediante el método Takakura.

Reciclando en casa con compostadores automáticos. ¿Realmente funcionan?

Y es que la falta de calidad de los compost junto al elevado coste de su tratamiento, han motivado la aparición de alternativas a la gestión centralizada de los residuos municipales. Algunos ejemplos son el compostaje doméstico y comunitario, que muchos municipios fomentan a través de la Red Estatal Composta en Red (www.compostaenred.com). Otra alternativa menos implantada pero cada vez más importante es el uso de compostadores automáticos o eléctricos, pequeños electrodomésticos que permiten a las familias gestionar sus propios residuos en casa.

El viroma del compostaje

El principal destino del compost siempre es el suelo, ya sea como abono, sustrato de cultivo o como enmienda. Por eso, es imprescindible controlar y optimizar el proceso de compostaje para obtener compost de alta calidad, exento de contaminantes físicos, químicos e incluso microbiológicos. Aunque existe legislación que define las propiedades mínimas necesarias de un compost según su uso, los criterios biológicos requeridos son escasos. Por contra, cada vez hay más certeza de que la microbiota del compost es una pieza clave de su funcionalidad, tanto como fertilizante, bioestimulante o como también de control microbiano de patógenos. Una alta diversidad de hongos, bacterias y también de virus, es imprescindible para que el compost sea una fuente de materia orgánica activa beneficiosa, que interaccione positivamente con la planta y con el suelo, mejorando la calidad biológica de este.

La relación entre el área y el volumen de un compostador afecta a la disipación del calor

La temperatura de un compost es un indicador de la actividad microbiana del proceso. Debe mantenerse en valores termófilos durante el mayor tiempo posible para así asegurar la correcta higienización del material. Las dimensiones de las pilas de compostaje afectan directamente a la disipación de la energía calorífica generada durante la fase termófila, siendo esto crucial cuando se trabaja con compostadores de pequeñas dimensiones (< 1000L), los cuales raramente mantienen temperaturas elevadas a lo largo del tiempo.

La simbiosis entre rizobios y leguminosas mejora la adaptación de las plantas a suelos contaminados por cobre

Como ya comentamos en un artículo anterior, la concentración de cobre presente en el suelo es cada vez mayor. Las fuentes principales de este metal son el uso de fungicidas con cobre, como los aplicados a cultivos leñosos como la vid o el olivo, y la aplicación de lodos de depuradora, estiércoles o purines de cerdo como fertilizantes orgánicos. También es importante la actividad minera, aunque su influencia está limitada a la cercanía geográfica de las minas, reduciéndose considerablemente su efecto con la distancia. La presencia en exceso de este metal afecta negativamente a los cultivos, inhibiendo su tasa de crecimiento e induciendo un estrés oxidativo severo.

¿De dónde procede el cobre de nuestros suelos agrícolas?

La humanidad ha usado el cobre desde hace más de 10.000 años, desde la prehistoria, en la Edad del Bronce, hasta nuestros días. Lo han utilizado civilizaciones tan dispares como la egipcia, la griega, la romana, la azteca o la china. Sirve para fabricar materiales de construcción, maquinaria diversa, para transportar energía, como plaguicida en agricultura o como suplemento para la alimentación animal. Este uso tan prolongado en el tiempo ha dejado algunas consecuencias inevitables de carácter ambiental. Cada vez se acumula más cobre en nuestros suelos, llegando en ocasiones a ser un problema de salud pública.

El compost enriquecido con urea y triptófano da mejores resultados agrícolas

El compost es una excelente fuente de materia orgánica para la agricultura. Permite aprovechar los residuos orgánicos al transformarlos en materia orgánica estable y exenta de microorganismos patógenos, y una fuente importante de nutrientes y sustancias húmicas para las plantas. Sin embargo, el compost tiene una limitación desde el punto …

La fertilización mineral influye en la microbiota de la rizosfera de las plantas

Los microorganismos de la rizosfera (el suelo pegado a la raíz) son esenciales para la salud y el crecimiento de los cultivos. Su diversidad es específica de cada planta y cambia según el tipo de suelo, la especie o el genotipo, entre otros factores. Los exudados radiculares, el pH, la …