¿De dónde procede el cobre de nuestros suelos agrícolas?

Mapa del contenido de cobre en EuropaLa humanidad ha usado el cobre desde hace más de 10.000 años, desde la prehistoria, en la Edad del Bronce, hasta nuestros días. Lo han utilizado civilizaciones tan dispares como la egipcia, la griega, la romana, la azteca o la china. Sirve para fabricar materiales de construcción, maquinaria diversa, para transportar energía, como plaguicida en agricultura o como suplemento para la alimentación animal. Este uso tan prolongado en el tiempo ha dejado algunas consecuencias inevitables de carácter ambiental. Cada vez se acumula más cobre en nuestros suelos, llegando en ocasiones a ser un problema de salud pública.

Pero, ¿de dónde viene todo este cobre?

La concentración de cobre en el suelo se ha incrementado a lo largo de los últimos cien años. Su origen proviene tanto de fuentes naturales, de algunos depósitos geológicos de rocas volcánicas, como antropogénicas. Estas últimas se revisan en un estudio reciente (Panagos y col., 2018) centrado en suelos agrícolas, y que a su vez, se basa en otro estudio donde analizaron más de 20.000 muestras de suelo superficial a lo largo de toda Europa (Ballabio y col., 2018).

Y es que la contaminación por cobre de los suelos debida a la acción humana tiene varios causantes. La actividad minera, la deposición atmosférica o incluso el cobre procedente de los frenos de los coches son fuentes significativas. De especial importancia para nuestra salud es la contaminación procedente de la agricultura, que se debe al empleo de plaguicidas para los cultivos, en especial aquellos fungicidas con base de cobre. Y es que desde que se descubriera en 1880 el potencial de un preparado a partir de sulfato de cobre, limo y agua para el control de enfermedades como el mildiu en viñedos, estos fungicidas se han usado de manera continuada hasta nuestros días. También es importante la fuente de cobre que proporciona los purines de cerdo o lodos de depuradora cuando se aplican como fertilizantes orgánicos. En el primer caso, el cobre procede de suplementos alimenticios ricos en sales de cobre y cinc que ayudan y mejoran la digestión de los alimentos por los animales y que luego excretan, y en el segundo, procedente de materiales de construcción como las tuberías de agua o tejados con cobre, que hace que termine acumulándose en las aguas residuales y en sus lodos de depuración.

Según Panagos y col. (2018), los suelos de praderas son los que menos cobre acumulan con respecto a sus respectivos pertenecientes a zonas arboladas (bosques). Además, los suelos de zonas agrícolas que sostienen cultivos perennes son los que más cobre acumulan con respecto a las zonas agrícolas donde el arado y la manipulación del suelo es habitual. En cuanto a los cultivos, los que más acumulan son los viñedos, los olivares y cultivos frutales (peras, manzanos, etc.), todos ellos cultivos leñosos con gran incidencia de enfermedades fúngicas como el mildiu o el oídio. En cuanto a los países, Chipre, Italia, Malta y Grecia son los que mayor contenido de cobre presentan. La concentración media europea está próxima a 20 ppm (mg por kg de suelo), siendo la de Chipre cercana a 50 (a partir de 80-100 ppm se considera que la concentración es un grave riesgo para la saludo humana). Esto se debe a la actividad minera de la isla, muy intensa y gran impacto en los suelos colindantes a las minas. En España, Cataluña es la región donde el contenido de cobre es mayor, en parte debido a la gran superficie destinada al viñedo y a la camada porcina.

La contaminación por metales pesados en los suelos agrícolas, y en especial por cobre, es motivo de preocupación por parte de los gobernantes que ya han empezado a establecer normas legales que minimicen la fuente de cobre procedentes de estos tres factores (fungicidas, purines y lodos de depuradora). En Holanda y Dinamarca y otros países, ya han limitado la cantidad máxima de estos productos que se pueden aplicar a los suelos para minimizar su efecto. Se prevé que en un futuro cercano, la entrada de cobre por estas tres fuentes se reduzca considerablemente, a expensas de encontrar alternativas más eficaces y medioambientalmente más saludables, en especial los fungicidas de sales de cobre, cosa que a día de hoy no se ha conseguido.

 

Las fuentes:

  • Panos Panagos, Cristiano Ballabio, Emanuele Lugato, Arwyn Jones, Pasquale Borrelli, Simone Scarpa, Alberto Orgiazzi, Luca Montanarella. Potential Sources of Anthropogenic Copper Inputs to European Agricultural Soils. Sustainability 2018, 10, 2380; doi:10.3390/su10072380
  • Cristiano Ballabio, Panos Panagos, Emanuele Lugato, Jen-How Huang, Alberto Orgiazzi, Arwyn Jones, Oihane Fernández-Ugalde, Pasquale Borrelli, Luca Montanarella. Copper distribution in European topsoils: An assessment based on LUCAS soil survey. Science of the Total Environment 636 (2018) 282–298. https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2018.04.268
Related Posts

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.