Distintas políticas para distintos problemas…

Cuando uno piensa en política agraria tendría que pensar en balances. De hecho, en la agricultura los balances de nutrientes del suelo son imprescindibles para la producción de los cultivos. Cuando queremos cultivar, el primer paso que tenemos que hacer es adecuar el suelo en función de los requerimientos mínimos del cultivo en cuestión, añadiendo nutrientes tales como nitrógeno (N) o fósforo (P) mediante fertilización (ya sea química o biológica). Así nos aseguramos un correcto balance nutricional ya que el cultivo sustraerá nutrientes para su correcto desarrollo.

Nota: En la actualidad, la fertilización es la principal vía de entrada de nutrientes en un suelo, más del doble que la que sucede de forma natural. Estos “inputs” son los causantes de que se mantenga la producción agrícola para abastecer al crecimiento demográfico de la población mundial.

Este axioma que parece de sentido común no siempre se cumple ya que estos balances están influenciados en muchas ocasiones por el desarrollo económico de los países (o por su falta). Así, podemos encontrar casos muy distintos y que están relacionados directamente con esto y con las políticas agrarias: Países en vías de desarrollo como muchos del África Subsahariana tienen un balance deficiente que los conduce a una agricultura insostenible y países que han experimentado un rápido crecimiento económico como China que sobrefertilizan sus campos aun sabiendo que han llegado al máximo del rendimiento químico de sus cultivos. Los datos científicos lo revelan: En este estudio, al analizar los balances de N y P para el mismo cultivo (maíz) en tres sistemas agrícolas diferenciados (el primero situado en Kenia con una baja tasa de fertilización, uno en China con un exceso de fertilización química y otro en EEUU donde se intercala entre cultivo y cultivo fertilización biológica) se puede observar una gran diferencia en su rendimiento productivo. Para el caso del N, si comparamos el maizal de China y el de EEUU vemos que son muy similares (8500 vs. 8200 kg ha-1) no teniendo sentido la sobrefertilización del primero, no siendo así al compararlo con el de Kenia (apenas 2000 kg ha-1).

Tabla sacada del artículo en cuestión 

Tanto unos como otros sistemas tienen graves consecuencias humanas (malnutrición con cerca de 20 millones de personas en el caso del Kenia) y medioambientales (pérdida de calidad del agua, eutrofización o emisión del gas invernadero óxido nitroso en el caso de China). En todo esto, las políticas nacionales y regionales influyen enormemente en los balances de nutrientes de los suelos agrícolas. El caso de China es singular ya que ha experimentado un incremento notable en la producción agrícola desde 1975, excediendo incluso la tasa de fertilización que aplica tanto EEUU como  Europa, con los consiguientes problemas medioambientales.

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Nota: Algunos casos de contaminación producida por exceso de fertilización química todavía son patentes hoy en día. Un claro ejemplo es el rio Mississippi. Desde 1970 el transporte de nutrientes lixiviados por la excesiva fertilización está provocando procesos de eutrofización en el Golfo de México.

Como es lógico, los distintos sistemas agrícolas necesitan de distintas políticas. Estas deben tener en cuenta diversos factores como los costes económicos, medioambientales y sociales de la fertilización ya que pueden provocar una baja productividad, un empobrecimiento rural y una degradación de las tierras de cultivo si no se aplican adecuadamente. Por ejemplo, en el África subsahariana es prioritario proveer de nutrientes para mejorar las prácticas agrícolas incrementando el porcentaje de materia orgánica en los suelos. Por contra, en la China sobrefertilizada, hay que reducir la tasa de fertilización ya que se ha llegado a cuantificar que existe un 50% de pérdidas del N aplicado en muchos casos. Un control más racional de estos aportes nutricionales puede reducir los efectos ambientales, aunque una vez producidos, estos pueden tardar muchos años en desaparecer como pasa en el cauce del rio Mississippi y en otros ríos del norte de Europa. En estos casos, siguen transportando una alta carga de nutrientes aún después de llevar tiempo aplicando políticas racionales de fertilización. Se necesitan pues, otro tipo de actuaciones como modificar las dietas del ganado, preservar la restauración de las riberas de los ríos contaminados con especies vegetales o incluso, rediseñando la agricultura introduciendo especies perennes entre los cultivos entre otros.
Es imprescindible conocer científicamente el balance de nutrientes de la agricultura, estudiando y optimizando los “inputs” y “outputs” de los suelos para diagnosticar los problemas y plantear soluciones racionales. Para eso necesitamos esfuerzos institucionales que faciliten obtener datos al respecto llevando a cabo estudios multiescalares de los procesos biogeoquímicos de los nutrientes (no podemos pasar un suelo del defecto al exceso). Si las políticas agrarias no tienen en cuenta realmente como funcionan los suelos, teniendo en cuenta la parte medioambiental, sin estas herramientas no seremos capaces de desarrollar sistemas agrícolas sostenibles sin incurrir continuamente en los costes humanos y medioambientales.La Fuente:

Nutrient Imbalances in Agricultural Development 


P. M. Vitousek,*, R. Naylor, T. Crews, M. B. David, L. E. Drinkwater, E. Holland, P. J. Johnes, J. Katzenberger, L. A. Martinelli, P. A. Matson, G. Nziguheba, D. Ojima, C. A. Palm, G. P. Robertson, P. A. Sanchez, A. R. Townsend and F. S. ZhangScience 19 June 2009: Vol. 324 no. 5934 pp. 1519-1520 DOI: 10.1126/science.1170261 POLICY FORUM AGRICULTURE 

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