Agricultura y medio ambiente. ¿Necesitamos un cambio de modelo?

Con una estimación 10 000 millones de habitantes para 2050 según la ONU, nuestro planeta ha sufrido un incremento exponencial de su población en los últimos 60 años. Esto ha sido posible en cierto modo gracias a la conocida como “revolución verde”, que gracias al uso de productos fertilizantes sintéticos, fitosanitarios y antibióticos para el ganado, motivó entre otras cosas, un incremento notable de la producción de productos alimentarios que atendieron a dicho incremento y una mejora significativa en su rendimiento. Este incremento en la demanda motivó una importante modificación de los sistemas productivos agrícolas tradicionales, que afectó tanto al tipo de agricultura como al empleo de los recursos naturales (suelo, agua, nutrientes, etc.).Como contrapartida de este cambio productivo, la agricultura ha motivado serios cambios en el medio ambiente, afectando tanto la atmósfera, los suelos y la calidad del agua.

Relación entre la agricultura y medio ambiente. ¿Necesitamos un cambio de modelo productivo que permita reducir el impacto ambiental?

Dos casos ilustrativos del efecto de una mala planificación de la actividad agrícola en la degradación del medio ambiente: El primero lo encontramos en el Mar de Aral, un mar interior situado en Asia Central, entre Uzbekistán y Kazajistán. Las dimensiones de este mar se han reducido notablemente en los últimos 50 años, debido a la desviación del caudal de sus principales ríos para fines agrícolas. También sufre un alto grado de contaminación motivado por pruebas armamentísticas, efluentes y residuos industriales y una alta dosis de residuos de fertilización agrícola. Otro ejemplo son los procesos de eutrofización motivados por el abuso de fertilizantes. Según las últimas estimaciones, se habla de que cerca del 20% de las zonas costeras a nivel mundial están afectadas por este tipo de fenómeno. En España, ya hay más de 6 millones de hectáreas cultivables designadas como “vulnerables a la contaminación por nitratos”.

 

La revolución verde tuvo sus limitaciones. Pocos cultivos consiguieron los máximos rendimientos productivos, todo el esfuerzo se centró en zonas con suelos buenos y recursos hídricos abundantes, se centró en agricultores con capacidad para adquirir los productos y se ignoró los efectos medioambientales de un consumo elevado de este tipo de productos podía tener. Ahora, se necesita cambiar el modelo que aumente la productividad pero orientada a la sostenibilidad y a la equidad, atendiendo a todo tipo de suelos y zonas. Para eso existen numerosas herramientas y estrategias, en las cuales la mejora del contenido en materia orgánica del suelo es una de ellas. En definitiva, necesitaríamos una segunda revolución verde basada en el conocimiento y en la sostenibilidad.

 

 

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